martes, junio 23, 2009



.

Aquello que hay en mí, que no soy yo, y que busco.
Aquello que hay en mí, y que a veces pienso que
también soy yo, y no encuentro.
Aquello que aparece porque sí, brilla un instante y luego
se va por años
y años.
Aquello que yo también olvido.
Aquello
próximo al amor, que no es exactamente amor;
que podría confundirse con la libertad,
con la verdad
con la absoluta identidad del ser
-- y que no puede, sin embargo, ser contenido en palabras
pensado en conceptos
no puede ser siquiera recordado como es.
Es lo que es, y no es mío, y a veces está en mí
(muy pocas veces); y cuando está,
se acuerda de sí mismo
lo recuerdo y lo pienso y lo conozco.
Es inútil buscarlo, cuanto más se le busca
más remoto parece, más se esconde.
Es preciso olvidarlo por completo,
llegar casi al suicidio
(porque sin ello la vida no vale)
(porque los que no conocieron aquello creen que la vida no vale)
(por eso el mundo rechina cuando gira).

Este es mi mal, y mi razón de ser.




Mario Levrero.
El discurso vacío

sábado, agosto 23, 2008

sad eyes

.
:

.
.

Y entonces,
una llama incandescente como un apagón de paz ,
y tu rubor quedó patente
en aquella triste verguenza unidireccional:
la mueca de no saber quien se es,
ni qué se quiere;

bajó todo lo izado, se quebró mi voz,
se me quitaron las ganas;


y mis ojos fueron súplicas tardías:
-no me dejaste escoger-

Las nimiedades se echaron a volar,
se azuzaron, se volvieron delicadas y caprichosas,
indomables; por una vez,
que no debió ser ni vez ni miércoles.

Y te lanzaste a otro cuello,
y si nos ponemos a sumar...
a mi tampoco me salen las cuentas.


Y la decepción en mi se convirtió en tristeza por ti;
no hubo tregua en ningún País de Nunca Jamás,
y mientras atenazan las disculpas,
y repiquetean los perdones,
sin más deseo que el de sentirse perdonado,
y la egoista redención,
la amistad va desapareciendo entre la más pura soledad.

La soledad de los principios olvidados,
de las lealtades, del cariño de los lugares comunes,
de los pantalones rojos y de los besos caducos,
caducados ya,

y de olvidar a cuantas tantas personas has ido dejando atrás,
tropiezo tras tropiezo,

Y al fin, el fin.


.

.





******Y antes...
.

jueves, julio 31, 2008

dance me to the end of love

.

.
:
La conocía hacía tres mañanas; tres cortas mañanas que hacían que el resto del día no existiera hasta la mañana siguiente. Pero su actitud cambió en la cuarta mañana. Me saludó fríamente, sin entusiasmo, y no me cogió de la mano. Se lo reproché, y bromeando la acusé de no estar enamorada de mí.
-- Tú esperas demasiado-- dijo--. Después de todo, sólo tengo quince años, y tú eres cuatro mayor que yo.
No comprendí el sentido de su observación; pero no podía ignorar la distancia que de reprente había abierto entre nosotros. Miraba ella hacia delante, andando con un paso elegante, de colegiala, metidas las manos en los bolsillos de su abrigo.
--En otras palabras, que no me quieres --dije.
--No lo sé -- respondió.
Me quedé atontado.
--Si no lo sabes, es que no me amas.
Por toda respuesta, ella siguió andando en silencio.
--Ves cómo soy profeta-- continué con aire indiferente--. Te dije que lamentaría haberte conocido.
Intenté penetrar en sus pensamientos y ver hasta qué punto sentía algo hacia mi, y a todas mis preguntas respondía:
--No lo sé.
-- ¿Te casarías conmigo? --inquirí.
--Soy demasiado joven.
--Bueno, si te obligaran a casarte, lo harías conmigo o con otro?
-- No lo sé... Me gustas..., pero...
-- Pero no me quieres-- dije, angustiado.
Se quedó callada. Era una mañana nubosa y las calles me parecían grises y deprimentes.
--Lo malo es que he dejado que las cosas vayan demasiado lejos-- dije roncamente; habíamos llegado a la entrada del metro--: creo que es mejor que nos despidamos y no nos volvamos a ver -- dije, preguntándome cuál sería su reacción.
Adoptó un aire solemne.
Cogí su mano y le di unos golpecitos cariñosos.
--Adiós; es mejor así. Tienes ya demasiado influjo sobre mi.
--Adiós-- respondió--; LO SIENTO.
La excusa me impresionó de un modo terrible. Y cuando desapareció en el metro sentí un vacío insoportable.
(...)
Mi autobiografía.
Charles Chaplin, 1964
:


Dance Me To The End Of Love (Vivo) - Jorge Drexler